La seguridad de los pacientes es una prioridad para la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS); por eso, mientras no se realicen los estudios clínicos y no existan evidencias sobre la eficacia de un medicamento como ocurre con la Ivermectina, no se aconseja su uso para el tratamiento de la COVID-19.
En la actualidad, cerca de 200 opciones terapéuticas o combinaciones están siendo investigadas en más de 1.700 ensayos clínicos para el tratamiento eficaz de la COVID-19. De estas investigaciones científicas únicamente el medicamento Remdesivir cuenta con resultado positivo e incluso con revisión sistemática por parte de la Organización Panamericana de la Salud.
Sin embargo, tras la publicación de un estudio que informaba que la Ivermectina se utilizó con éxito in vitro para el tratamiento del SARS-CoV-2 en células infectadas experimentalmente y dos prepublicaciones destacaron la aparente utilidad del medicamento para tratar pacientes con COVID-19 que requirieron ventilación mecánica, se empezó a popularizar su utilización.
Aunque ninguno de los estudios fue revisado por pares ni publicado formalmente, y uno de ellos fue retirado posteriormente, la Ivermectina se está utilizando de manera incorrecta en los pacientes que tienen la enfermedad. Incluso se está aplicando el medicamento en una solución inyectable formulada para uso veterinario.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la Ivermectina del estudio “Solidaridad”, un ensayo que copatrocina para encontrar un tratamiento eficaz para la COVID-19, al cual se han adherido 39 países, entre ellos Colombia. Además, en una revisión que desarrolló la OPS de todos los estudios humanos in vitro (laboratorio) e in vivo (clínicos) de COVID-19 publicados de enero a mayo del 2020, se concluyó que los estudios sobre Ivermectina presentan un riesgo elevado de sesgo y la evidencia existente es insuficiente para llegar a una conclusión sobre sus beneficios y sus daños.
Pese a estas consideraciones, en algunos países se han implementado guías de manejo (protocolos) clínico que han incorporado este medicamento como tratamiento estándar sin tener en cuenta la evidencia científica disponible. Esto supone un riesgo para la seguridad de los pacientes y tiene implicaciones bioéticas.
Por ello, mientras no existan evidencias de mayor calidad sobre la eficacia y seguridad de estos medicamentos, la OPS recomienda que se utilicen únicamente en el marco de estudios de investigación debidamente registrados, aprobados y éticamente aceptables. Los datos de seguridad recolectados sobre estas terapias deberán ser notificados según la normativa local a la autoridad reguladora nacional de medicamentos.

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