UN CAFÉ CON MI AMIGO JORGE VARGAS, “ LA CALLE”


por: Ricardo Franco Galeano

Es tan difícil escribir con tanto dolor y tristeza acerca de la muerte de un amigo, un amigo de café, un amigo con sueños, con ilusiones, un amigo sincero, guerrero, honesto, probo, una amigo que no escatimaba para apoyar a sus amigos, un periodista de tradición, de gran trayectoria, un amigo que murió esperando, esperando muchas cosas, una voz, un apoyo, un sueño.


Lo recuerdo la última vez que hablamos, salía del médico, no se veía animado como siempre, cabizbajo, taciturno y sin embargo, sonrió, quedamos de vernos para tomar otro de los tantos cafés que solíamos compartir y no va a ser posible, esto genera impotencia y el dolor de perder a una persona que, realmente, me generaba confianza, no lo escribo porque haya partido, lo hago, porque conocí al ser humano, conocí sus valores y enseñanzas, supe que es difícil hacer periodismo independiente, asumí el reto y seguí motivado por ver cada edición de su creación, La Calle, el periódico regional de Vargas.


Se fue Vargas y deja un gran vacío, un dolor que nunca pensé, fuera a sentir, no puedo asumir que sea real, se fue un grande del periodismo en Cundinamarca, pese a sus dificultades físicas, siempre se le veía animado y buscando noticias, patrocinios, tal como hacemos los periodistas independientes, muchas veces entusiastas, muchas veces frustrados e ilusionados con un nuevo amanecer, este amanecer de hoy, no fue tan grato por esta triste noticia, este amanecer, tal vez es grato para él, descansó y dejó de esperar por nada, por promesas, por algo que tal vez llegara pero ni idea cuándo, acá seguimos Jorgito, acá seguimos esperando, soñando, creyendo y ojalá que no tengamos que partir esperando y gracias amigo mío por tu compañía, un abrazo a la distancia y feliz viaje.

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