Que no lo engañen. Durante estas festividades hay quienes buscan sacar provecho comercializando este tipo de bebidas, las cuales representan un alto riesgo para la salud. Aquí una serie de recomendaciones para evitar su consumo.

Se considera licor adulterado a todas aquellas bebidas alcohólicas a las que les han sustituido, total o parcialmente, sus componentes principales. Para abaratar costos, los delincuentes utilizan sustancias tóxicas como el metanol, la cual puede generar fuertes dolores de cabeza, ceguera, dificultad para respirar e incluso la muerte.

El tratamiento que logran darle a estas bebidas llega al punto de simular la apariencia de las originales, razón por la cual es importante aprender a identificarlas. El Espectador consultó a José Benavides, un experto en licores que representa a la marca Glenmorangie y quien brindó varias recomendaciones para evitar el consumo de licor adulterado.

Compre en un sitio de confianza

“El primer punto es súper sencillo y es en qué lugar lo estamos comprando. Esa es la forma más fácil de no caer en este tipo de tragos adulterados o de contrabando. Ir a una tienda, cadena o licorera que tenga un buen nombre y que lleve mucho tiempo trabajando. Hay tenderos de barrio que también se han ganado la confianza de la gente”, recomienda el experto.

Además, hay que desconfiar de los lugares en los que ofrezcan descuentos desbordados, recuerde que la estrategia que emplean los productores de licor adulterado es utilizar sustancias económicas para hacer rendir el supuesto licor.

La estampilla

El licor sí o sí debe tener estampilla (que es la etiqueta que la tapa) la cual debe indicar el departamento en el cual está siendo comercializado. Por ejemplo, para el caso de Bogotá, debe decir Cundinamarca.

Benavides asegura que es normal que a veces esta se encuentre un poco desgastada, sobre todo si lleva bastante tiempo almacenándose. Sin embargo, es importante cerciorarse de que la impresión sea nítida, que esté bien adherida y resistente al roce con los dedos. Algunas también incluyen un código QR, la cual ofrece información detallada del producto.

Las etiquetas

Benavides relata, a modo de anécdota, que un día le mostraron un punto donde vendían etiquetas de licores a $2.000. Recuerda que estas no eran de la mejor calidad y no se esforzaban mucho porque estas se pegaran bien en el envase.

Es por lo anterior que recomienda fijarse bien en las etiquetas, que estén bien adheridas, que no se borren al rozarlas con los dedos y que tengan el aviso legal de “el exceso de alcohol es perjudicial para la salud”, ya que muchos, por abaratar costos, no incurren en ese gasto.

Licores como el whisky no se congelan en neveras convencionales

Hay un principio detrás del licor y es que su punto de congelación es diferente al del agua, la cual se congela a los cero grados centígrados. El etanol (compuesto químico presente en las bebidas alcohólicas) se congela a los -114 grados centígrados y es por eso que, dependiendo de la cantidad que tenga en determinado licor puede variar.

Bebidas como el vodka, el ron o el whisky se congelan por debajo de los -45 grados centígrados, temperaturas a las que no llega una nevera convencional. Sin embargo, el punto de congelación del metanol también es muy bajo (-97, 6 grados centígrados), por lo que comprobar si un licor ha sido adulterado metiéndolo al refrigerador solo funciona cuando este ha sido rendido con agua.

Las pestañas y dosificadores

Al momento de abrir el envase tiene que sentirse como si fuera la primera vez, esta experiencia la brindan las pestañas que acompañan a las tapas. Del mismo modo, hay licores que incluyen dosificadores, como el aguardiente y el whisky (aunque los que son de malta vienen con tapón). Es importante que incluyan estos elementos, porque hay productores de licor adulterado que evaden estos elementos para abaratar costos, o implementan unos de mala calidad e incluso pueden reutilizarlos de botellas viejas.

Ojo con las partículas y los sedimentos

Siempre es bueno verificar que el licor no tenga partículas flotando, o sedimentos en el fondo de la botella, ya que esto es un indicador de su adulteración. Licores como el whisky se obtienen a partir de un proceso de destilación y por eso el líquido obtenido es puro.

“También invitar a consumo responsable, a tomar con moderación, estar tomando agua, hidratarse, vigilar en qué estado anímico se está tomando, que en estados de alta euforia o alta depresión uno tiende a tener malos tragos, comer bien, cuidarse mucho al momento de tomar y que no pasen peleas o un guayabo muy feo.

Desde su rol como experto, Benavides hace un llamado al consumo responsable, a beber con moderación, a tomar agua constantemente, y estar atentos del estado anímico “porque los estados de euforia o depresión tienen a generar ‘malos tragos’. que no pasen peleas y evitar el guayabo’”.

EL ESPECTADOR

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