Cuanto más se habla del papel subyugado de la mujer en la historia, más menospreciada se encuentra la labor de las grandes figuras femeninas que a lo largo de la historia, supieron demostrar que era mucho lo que tenían que ofrecer, haciéndose un hueco en esta, y cambiándola en muchos casos, para siempre.
Sucede así que en un mes de mayo como este, en algún lugar de Polonia nace bajo el nombre de Sofía Federica, la que sería a la postre, la más importante emperatriz de la historia del Imperio Ruso. Logro nada desdeñable teniendo en cuenta que no tenía ni una gota de sangre rusa, ni un ápice de masculinidad en tiempos de machos machotes.

Guiada por un incansable afán de superación personal, esta infatigable trabajadora que, a pesar de no ser la primera mujer a cargo del imperio, fue capaz de poner a su nombre a la altura del más importante líder ruso de todos los tiempos, el otro grande: Pedro I. Pedro importó tecnología, instituciones de gobierno y organización militar y Catalina por su parte, la filosofía jurídica, política y moral, además de medicina, arte, cultura y educación.
Rebosante de valor y audacia tomó el poder con astucia cuando tuvo la oportunidad dando un golpe de estado contra su propio marido Pedro III, que lejos de ser grande y loado, despertaba ciertamente la antipatía del pueblo al que gobernaba despóticamente. Luchando contra la misoginia reinante entre los hombres de su tiempo, se irguió con orgullo como una mente ilustrada con miras al pensamiento europeo que por entonces bullía ideas de modernidad.
Guiada por este sentido amor a la ilustración (Fue amiga por correspondencia del mismísimo Voltaire), sentó las bases de museo Hermitage llegando a acumular hasta 4000 obras en su interior, asociando también su nombre a la posteriormente conocida como Academia Imperial de las Artes, semilla de la escuela artística rusa. Escribió un compendio legislativo, varias obras de teatro, operas y hasta artículos en diarios satíricos.
En resumen, esta mujer era una visionaria. Llegando a vacunarse contra la viruela incluso antes de que existieran las vacunas, demostró su valía en todos los campos como monarca. Suya fue la victoria sobre el imperio otomano, y la anexión de (aún más) territorio al ya de por sí, vasto imperio ruso.
Así que cuando nos quieran contar que la mujer histórica estuvo bajo la sombra del hombre, recordemos entre otras muchas, a Catalina. Recordemos sus logros, y ese fantástico siglo “Matriarcal” en la vieja Rusia. Ignorar sus proezas, es insultar la grandeza de las grandes mujeres que a lo largo de la historia han dejado una huella indeleble en ella.


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