¿Está retrocediendo mi hijo como consecuencia de la pandemia de COVID-19?

La mayoría de los niños sienten el deseo irrefrenable de avanzar en su desarrollo, pero el entusiasmo por hacer cosas nuevas suele ir acompañado de estrés. El estrés, a su vez, puede contribuir a la regresión: un retroceso temporal en términos de desarrollo.

La pandemia de COVID-19 ha agravado la crisis de la atención y la educación. Debido a la interrupción de las clases, los juegos con amigos y otras rutinas importantes para los niños, los comportamientos regresivos (un retroceso en ciertas habilidades que antes dominaban, como ir al baño o dormir, o las dificultades a la hora de controlar los sentimientos de ira, tristeza y ansiedad) se están volviendo cada vez más frecuentes.

Hemos hablado con Nancy Close, Doctora y Profesora Adjunta en el Centro de estudios infantiles de la Facultad de Medicina de Yale, así como Directora Adjunta del Programa de Yale sobre la Educación en la primera infancia, acerca de lo que muchos progenitores pueden estar observando en sus hijos (ya sean niños o estudiantes universitarios) y el modo en que pueden abordarlo juntos, con amabilidad y comprensión.

¿Está retrocediendo mi hijo como consecuencia de la pandemia de COVID-19?

¿Qué retroceso está observando en los niños durante la pandemia de COVID-19?

Estoy observando un retroceso notable, superior a lo que suele considerarse adecuado en términos de desarrollo. He visto a niños que han dado marcha atrás en el uso del lenguaje propio de los bebés y que necesitan más ayuda de lo que es normal en esa edad en sus rutinas diarias, como dormir o ir al baño.

Puede ser muy difícil enfrentarse a sentimientos complejos y manifestarlos, así que estamos viendo rabietas tanto en niños más pequeños como de edad más avanzada, incluso en estudiantes universitarios.

También nosotros, los adultos, retrocedemos cuando aumentan nuestros niveles de estrés o cuando vivimos cambios y transiciones, así que creo que es importante tener en cuenta que se trata de un fenómeno del desarrollo que puede darse desde la infancia hasta la edad adulta.

Por otro lado, también estamos observando numerosos problemas de comportamiento. Hemos detectado que a los niños les entristece mucho no poder estar con sus amigos o sus maestros y reaccionan con emociones y comportamientos exagerados a los cambios que se están produciendo en las escuelas.

Esta incertidumbre está aún más presente y es mucho más desalentadora porque a todos nos está costando conseguir que las cosas sean normales y predecibles. Nos hemos dado cuenta de que la regularidad y la previsibilidad son muy difíciles de conseguir durante esta pandemia. Por este motivo, los niños pueden sentir más ansiedad y frustración y, como consecuencia, sufrir alteraciones en su comportamiento.

Algunos progenitores aseguran que sus hijos adolescentes están teniendo rabietas. ¿Cómo deberían responder a estos comportamientos?

Pueden ayudarlos a encontrar la manera de controlar sus emociones (por ejemplo, salir a pasear o a correr, respirar profundo, pintar o dibujar), o a buscar el modo de poder mantener el contacto con sus amigos y familiares. Sin embargo, estas técnicas no pueden utilizarse mientras están teniendo la rabieta.

 Una vez controlada, la madre o el padre pueden decirle: “Te has enfadado mucho. Me gustaría saber qué te pasa”. Esto podría ayudar a descubrir los sentimientos que hay detrás de esas rabietas. Es habitual que haya una mezcla de sentimientos: enfado, miedo, tristeza o ansiedad, entre otros. Puede ser útil reconocer lo difícil, dura y distinta que está siendo la vida durante la pandemia de COVID-19. La adolescencia puede ser complicada para los progenitores y para los hijos, ya que el objetivo principal en términos de desarrollo es avanzar a paso rápido hacia la independencia, un proceso que comienza en la primera infancia. Este proceso está cargado de emociones, dolor, dificultad y ansiedad, tanto para los progenitores como para los adolescentes.

Otros progenitores han observado que sus hijos, que ya habían aprendido a ir al baño, han vuelto a orinarse en la cama. ¿Qué les recomendaría?

Esta regresión es muy habitual. En estos casos, hay que observar si ha habido algún cambio en casa o en la escuela que pueda explicarlo. Si hay algo que pueda estar produciéndole ansiedad a tu hijo, debes hacer todo lo posible por ayudarle. A estas edades, puede ser útil ponerles un pañal para dormir. Controla su ingesta de líquidos y procura limitarla cuando se acerque la hora de irse a dormir. Observa con qué frecuencia el pañal aparece mojado por las mañanas.

Esto te permitirá comprobar el control que tu hijo va adquiriendo durante las noches. Hazle saber que lo ayudarás a no volverse a orinar en la cama. Al mismo tiempo, ayuda a tus hijos a ser más independientes a la hora de vestirse y desvestirse, lavarse las manos, comer y realizar tareas sencillas adecuadas para su edad, como recoger su plato de la mesa (siempre y cuando puedan hacerlo). Promover y propiciar la independencia de los niños en función de su edad en otras áreas contribuye a mejorar sus competencias y su autoestima, y puede ayudarlos a dominar todos los aspectos del aprendizaje para ir al baño.

El sentimiento de culpabilidad de los progenitores se ha intensificado durante la COVID. Les preocupa el aislamiento social de sus hijos, sus habilidades sociales, las oportunidades que tienen para jugar y su educación.

Los niños tienen una gran capacidad para percibir la preocupación de sus padres, así que hablar de ello puede resultarles reconfortante. Cuéntenles lo que les preocupa de una forma adecuada desde el punto de vista de su desarrollo, por ejemplo: “Esta situación también es difícil para mamá y papá, y estamos intentando hacer todo lo posible por ayudarte a aprender y a jugar”.

Las madres y los padres se están sintiendo muy solos en esta época tan difícil. Para muchos es útil saber que otros padres y otras madres sienten lo mismo. Les consuela saber que no están solos, pero el estrés y la ansiedad vuelven a aparecer en cuanto los niños dejan de hacer las tareas que les envía su maestro, no prestan atención a las clases virtuales o, directamente, se niegan a asistir. Para esto no tengo una solución mágica. Lo mejor es que sepan que no están solos, y que es inevitable que se sientan desesperados, frustrados, culpables y preocupados. Es verdaderamente difícil. 

Entrevista realizada por Mandy Rich, Redactora de contenidos digitales de UNICEF.

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